Un mexicano en peligro de extinción

 

El mayor conocimiento de sus hábitos silvestres ha llevado a estrategias más funcionales de conservación, pero aún el camino es largo. Si se salva Xochimilco, se salva esta especie endémica

En ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrecencia vegetal, las branquias, supongo”. Este es un fragmento de “Axolotl”, el cuento de Julio Cortázar donde el autor parece mutar en esta especie endémica mexicana, un anfibio con apariencia de renacuajo cuyas características principales son: su capacidad para regenerar partes de su cuerpo, y sus tres pares de branquias que surgen como un singular adorno ramificado a partir de la base de su cabeza.

Precisamente sus famosas branquias son grandes y muy visibles porque en sus refugios, los fondos lodosos de lagos y canales, casi no hay oxígeno. Es así que generan mucho tejido en las branquias para captar el poco oxígeno que hay en su hábitat. Así lo explica el biólogo Arturo Vergara Iglesias, encargado del Área de Producción Intensiva de Ajolotes en el Centro de Investigación Acuícola y Biológica de Cuamanco, una institución que depende de la UAM-Xochimilco y que desde hace más de dos décadas se dedica al estudio y preservación de esta especie.

Vergara señala que cuando nos referimos al ajolote hablamos en realidad de 17 especies; sin embargo, la más famosa es la nombrada científicamente como Ambystoma mexicanum, conocida popularmente como ajolote mexicano que además está registrada como en peligro de extinción, mientras las otras están amenazadas o sujetas a protección especial. El área de distribución natural del ajolote mexicano abarcaba históricamente los acuíferos de Texcoco, Xochimilco y Chalco, así como sus conexiones con el lago de Zumpango y el lago de Xaltocán. En vida silvestre actualmente está confinado al sistema de canales de Xochimilco en la Ciudad de México.

Para el doctor Luis Zambrano González, especialista en restauración ecológica del Instituto de Biología de la UNAM, la situación del ajolote es bastante crítica en términos de que sus poblaciones siguen disminuyendo; sin embargo, subraya que no se ha extinguido en su hábitat natural y esto es importante enfatizarlo porque señala que hace alrededor de dos o tres años surgió este rumor. En 1998 se calculaban seis mil ejemplares por kilómetro cuadrado, pero según el investigador, el último censo de 2014 arrojó una cantidad de 36 individuos en esta misma superficie.

Pero a pesar de la drástica caída en dos décadas, Zambrano dice ha disminuido la curva en la baja de ejemplares porque el censo de 2010 marcaba 100 por kilómetro cuadrado. “Esto quiere decir que se está frenando la reducción poblacional, pero este dato todavía no quiere decir que vayamos por buen camino”, acota.

Por su parte, Vergara Iglesias señala que existen muchos datos que aun siguiendo una metodología científica, todavía pueden presentar variantes con la realidad sobre todo con animales cuyos hábitos los vuelve extremadamente difíciles de capturar. “Nosotros tenemos un contacto muy directo con pescadores y pobladores de la localidad que encuentran huevos de ajolotes en sus zanjas y zonas de trabajo. Esto quiere decir que debe existir una población más grande de la que se dice”. El biólogo del CIBAC dice que cuando trabajan en cautiverio con este animal de la familia de las salamandras, se observa que una hembra necesita estar en contacto con tres o cuatro machos para desovar. “Esto hace pensar que si hay varios lugares donde se detecta huevo, significa que existe una población de adultos mayor de la estimada”.

Ambos especialistas coinciden en que s las causas fundamentales que han diezmado la población prevalecen y son principalmente tres: la reducción de su hábitat natural ante el crecimiento de la mancha urbana, la existencia de especies exóticas (mojarra tilapia y carpa que fueron arrojadas en los canales en la década de los ochenta) y la contaminación.

Vergara también menciona otro factor de origen natural: la depredación. Toda la zona de la cuenca baja tiene una rica biodiversidad que incluye gran cantidad de aves acuáticas. En esta época del año llegan aves migratorias como pelícanos o algunas especies de garzas. Especies como el martín pescador o el águila pescadora pueden alimentarse de ajolotes. También hay diversidad de serpientes acuáticas y mamíferos como comadrejas, perros, gatos y fauna que no pertenece a la zona, pero ha migrado con las manchas urbanas y que ahora los depreda. El factor natural pesa más cuando la población de ajolotes se ha reducido.

 

Estrategias de conservación

 

Desde su fundación, el CIBAC sentó las bases para la producción en cautiverio del ajolote. Actualmente se calcula una producción de entre tres y cinco mil ejemplares al año. Vergara señala que después de aprender a trabajar la especie en cautiverio ahora lo que han aprendido es a dejarse guiar por el sentido común para su manejo.

El especialista comenta que había muchas referencias bibliográficas generadas en otros países, como Estados Unidos o Alemania, pero el conocimiento era a nivel laboratorio. “Se tomó la decisión de replantear las estrategias de producción porque empezamos a conocer mejor la biología de la especie, como que la mayoría de los ajolotes no viven en la columna de agua. No son peces que necesiten el agua limpia o grandes cantidades de oxígeno disuelto; viven enterrados en el lodo y su hábitat natural es el lugar en donde se está pudriendo todo lo que se muere: animales y plantas”.

Explica que los sedimentos donde el ajolote vive están llenos de microorganismos que generan en la piel del animal una dinámica mediante la que forman una mucosa muy fuerte que funciona como barrera contra las enfermedades. “Cuando los ajolotes se cultivan en agua potable, con oxígeno disuelto y mucha luz, como normalmente se hace con los peces, pierden esta mucosa. Su piel es muy delicada y quedan expuestos”.

Entre 2013 y 2015 se hicieron programas de reintroducción de ejemplares aunque no con la finalidad de rescatar población silvestre, sino para poder estudiar grupos no controlados. “Nos dimos cuenta que su ambiente natural aún tenía las capacidades necesarias para soportar esa población porque incluso encontramos indicios de actividades de reproducción en sus temporadas naturales”. Esto también sirvió para tener datos concretos y plantear estrategias de conservación de otras especies de ajolotes en cuencas que tienen procesos de degradación, pero no al grado de la cuenca de México, por ejemplo el lago de Pátzcuaro o la laguna de Zacapu, en Michoacán.

La estrategia que sigue el CIBAC para la reproducción de ajolotes actualmente trata de recrear sus condiciones naturales e incluso utilizan agua de los canales de Xochimilco, pero filtrada por una serie de procesos que ayudan a eliminar metales pesados y otras sustancias que pudieran generarles problemas. Esto ha permitido aumentar la producción de ajolotes en cautiverio y generar alternativas también para la población rural, trasladando ejemplares para manejo confinado, pero en otras áreas y dentro del marco legal.

Actualmente en el caso de Xochimilco se busca crear programas basados en el turismo de conocimiento para impulsar la economía local sin el apoyo de subsidios. “La idea es que los visitantes de esta parte de la ciudad no sólo vengan a comer quesadillas y escuchar mariachi, sino a bajar a una chinampa y aprender educación ambiental de la zona. Si hay más para mostrarle a los visitantes se maneja el hábitat de manera integral”.

Para Zambrano es indispensable la recuperación en general de Xochimilco para la recuperación particular del ajolote: “El gran reto es que dejemos de ver a Xochimilco como el gran lugar de fiesta, mariachi, cerveza y garnacha, es mucho más, equivale a la Catedral o las ruinas de Teotihuacán, sólo que vivo. Las otras son construcciones que se hicieron hace muchos años y este lugar sigue dando biodiversidad y servicios ambientales. Es patrimonio y así debe ser tratado”.

El investigador de la UNAM advierte que la reintroducción de una especie en su hábitat natural puede provocar un desastre ecológico sino se hace bajo estándares internacionales como estar seguros que en la zona se ha extinguido, no introducir especímenes enfermos o deteriorados genéticamente, y contemplar especies con variabilidad genética.

Otra alternativa de protección a la especie es que desde hace año y medio mantienen ajolotes a la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), una especie de albergue temporal en donde también puedan reproducirse. Primero se seleccionaron las áreas de los lagos semi artificiales donde mejor se pudieran adaptar. Explica que el siguiente paso para inicios de 2017 es el monitoreo constante mediante un tag de radiotelemetría, lo que les permitirá reproducir su hábitat preferido mientras se logra recuperar su área natural, pues aunque sean producidos en laboratorios de todo el mundo, la especie requiere necesariamente la variabilidad genética de su vida silvestre para evitar la extinción.

 

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